¿Adios?... ¡Hasta luego!


25 de Octubre.

Aciago día en que las últimas ánimas de mi mente infeliz se desvanecieron.

Delicado cuerpo. Virus asesino de procedencia incierta. Muchos años por detrás. Suspiro...

El tabaco. Esa hierba asesina que te corroe por dentro, cada vez más, matándote, hasta dejarte sin entrañas. Te engancha. Te mata.

El triste otoño frío en que las hojas caen arrastradas por el viento y por la vejez, se rompen. Desaparecen. A miles. A millones. La ves un instante y cuando la quieres volver a ver ya no está. Ya se ha ido... Ya se ha muerto.

Y es entonces cuando te das cuenta de que no hay nada para siempre y es entonces cuando sientes que no te queda nada. Maldices todo lo que hay por maldecir, despiertas cada mañana pensando en que habría pasado si...

Y te preguntas: ¿qué hago? y un inquietante, frío y tétrico silencio te responde diciéndote: - ve con él - y tu, con el cuchillo en la mano y apuntando hacia tu corazón dispuesta a marchar al infinito, te pones a pensar en tu madre, tu padre, tu hermano... e incluso en tu gato negro, que está ahí, mirándote con los ojos cristalinamente brillantes, llenos de vida. Siempre ha estado ahí. Siempre han estado ahí. ¿Cómo los vas a dejar en un momento así?

Y entonces te vuelves a preguntar: ¿qué hago ahora? Y escuchas la cálida y suave voz de tu madre llamándote: ¡Vanessa!

Entonces, durante un instante se te aparece una iluminación de esperanza y piensas: la vida sigue para mi y para todos los demás, quizá todo pueda seguir igual al cabo de un tiempo. Y así pasas una semana, dos, tres, cuatro, ¿cinco?...


27 de Noviembre.

Aciago día en que las primeras ánimas de mi mente infeliz se desvanecieron.

Extraña muerte de extrañas causas. Unas escaleras infinitas hacia arriba. Llegas al final temblando por lo desconocido. Miras. Puedes distinguir unas manos entrelazadas, una cruz, un traje oscuro...

De repente, todos los llantos que oías de fondo desaparecen. Estás sola ante la muerte. Ves en ella a la persona que tu quieres. Te acercas. Te acercas más. Paso a paso. Quieres besarlo, de hecho, vas a besarlo. Ahora estás frente a frente con la muerte. Mis ojos se ciegan ante la inquietante tranquilidad de su imagen.

Te aproximas más y vas notando más frío y más palidez. Es un sentimiento indescriptiblemente extraño. Paras a un centímetro de la muerte. Entonces te empuja hacia atrás muy fuerte, casi te caes, tu cerebro impulsa lágrimas hacia el exterior.

Te ha hecho falta llegar hasta ahí para darte cuenta de que lo que tu querías no estaba ahí, lo que realmente tu querías se había ido y solo te había dejado un pálido y frío cuerpo al cual tocar, besar y llorar. Algo que no era cierto.Porque lo que realmente tu querías era el alma, la mente, la vida...

He sentido la muerte en mis ojos, en mis labios y en mi corazón.


Vanessa Sales Campos
28/11/2000

Comentarios

  1. Esto es algo que escribí en el año 2000, cuando todavía tenía 16 años.Fue el principio de una sucesión imparable de desdichas.Habla de la muerte de mis dos abuelos en tan solo un mes, sin esperarlas... Fue lo último que escribí hasta el año 2004 que por amor, volvió mi inspiración, que luego continuó por desamor y que ahora continúa por resignación y por amor a la vida...

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  2. Aunque leí en su día este texto, ahora me deja otro sabor de boca...Según en que momento me provoca diferentes emociones...
    Me gusta.

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