Sobre cómo decidí andar contigo...


...recuerdo aquel día en el que después de uno de mis ataques de rabia, tristeza y de carencia de motivaciones, solamente quería verte. Esa noche fue importante. Decidí ignorar una de las grandes presiones que había tenido durante toda mi vida y hacer 80 km. de madrugada para ir a dormir contigo. Cuando llegué entraste a mi coche y todó cambió. Las nubes fueron desapareciendo. Y nos pusimos a hablar. Y hablando y hablando, nombramos aquella Canción. La que solamente sonaba en momentos especiales de nuestras respectivas vidas. Solamente en momentos especiales. Nos mirábamos y cada vez que nuestros ojos se encontraban, nos unía una conexión más fuerte. Estaba, como tu decías, en paz. O como yo decía, libre. Libre y en paz. Fue en uno de esos momentos cuando decidí poner la radio. Por el tema de unir mi pasión por la música al momento.
Creo recordar que estuvimos callados unos minutos. Hasta que acabó aquella Canción que estaba sonando. Nos miramos sorprendidos, sonreímos cómplicemente y subimos a casa.
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También recuerdo con claridad nuestra primera cena íntima. La noche de los detalles. Después de cenar propuse jugar al juego de las preguntas abstractas-respuestas subjetivas. Puse como ejemplo la última pregunta que me hizo una persona de la que ya no recuerdo ni su mirada; ¿Te enamorarías de las estrellas?
Todavía recuerdo mi respuesta. Genuína, claro. Era una respuesta muy personal. También recuerdo la tuya. Y olvidando una, recuerdo la de los dos.
Dejamos hablando solos a nuestros ojos...
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Cómo olvidar también la noche en la que estábamos jodidos porque nuestra muela de abajo del fondo a la derecha, estaba creciendo y en consecuencia se nos había inflamado un trocito de carne. Pero no hablaré de eso ahora.
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Prefiero nombrar un par de detalles de nuestro primer viaje juntos. Ya sabíamos cual era nuestro número, el de cada uno durante toda su vida (nº de la suerte para los supersticiosos) cuando, nada más ver el cartel en el que quedaban 77 km. para nuestra salida, decidí mirar los kilómetros que llevábamos de viaje. 777,77 km. Íbamos en autopista. Cada segundo, la última cifra del cuenta-kilómetros cambia. Pero yo no lo miré en el segundo de antes, ni en el de después. Lo miré en el mismo instante en el que todo a nuestro alrededor apuntaba hacia nosotros. Alguien nos estaba señalando. A los dos a la vez.
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También es curiosa la forma en la que actuas en mis ataques de rabia, de tristeza y de carencia de motivaciones. No te sorprenden. A mi tampoco, claro. Solo hay algo que, casualmente, nos sorprende a los dos: Las Sincronías.
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...y ese es uno de los motivos por los que estoy contigo...
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Vanessa Sales.
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25/04/2006

Comentarios

  1. Y qué bonito es,
    eso de ver utilizar
    aquello que dejaron caer los pájaros
    en lo que hoy en día se convierten los árboles.

    Uno de mis sentimientos
    (Uno de tantos, claro)
    está agradecido de que escribas,
    como solo tú sabes hacerlo.

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  2. ¿A eso se le llama amor?

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