Magia

Con un nudo en la garganta y la mirada húmeda escucho la voz de la inocencia clavada cual estaca en mi corazón. Retumba en mi cabeza esa emoción, esa ilusión tan desmesurada.

Recuerdo, de niña, cuando el día 6 de Enero de cada año, apenas entraba el primer rayo de luz por mi ventana, me levantaba nerviosa y excitada, me ponía mis zapatillitas de peluche de ir por casa y con los ojitos brillantes de la emoción iba corriendo a despertar a mi hermano: "¡¡Tete, vamos a ver si han venido los reyes!!" Él siempre me respondía: "Mira a ver si han venido y me avisas" Y yo, desbordando ilusión y con los ojitos abiertos como platos, asomaba la cabecita por la puerta del comedor y volvía corriendo: "¡¡Tete, hay muchos regalos, corre!!" E íbamos corriendo a abrirlos.

Uno a uno la ilusión iba creciendo. Nos mostrábamos los regalos maravillados porque la magia de los reyes había acertado de nuevo con todo lo que nos gustaba. También nos traían un poco de carbón, pero a mi me gustaba.

Siempre, después de abrir los regalos, felices y exaltados íbamos a despertar a los papás para avisarles de que los reyes también les habían dejado regalos a ellos y para enseñarles los nuestros.

Qué bonita la forma tan inocente con la que les llenábamos la cama de juguetes. Y qué forma tan entrañable de hacerse los sorprendidos...

Ese día era una locura, después de desayunar chocolate todos juntos, la casa se llenaba de alegría con dos personitas de medio metro en batín y con zapatillitas de peluche correteando todo el día por el pasillo y con los papás satisfechos por la felicidad tan pura que nos habían regalado.

Recuerdo también el primer año que me tuvo que despertar mi madre a medio día, cansada de esperar que me levantara para abrir los regalos que con tanto cariño había preparado de madrugada.

Ese día, cuando abrí los ojos, ya no brillaban. Ya no había inocencia, ni emoción. Había perdido la ilusión y entristecido la de mis padres. Lo que pasó ese año, pocas personas lo saben.

Ahora, desde hace un par de años y después de aprender y comprender que la ilusión existe también en los márgenes de la inocencia, me levanto de nuevo temprano, antes que nadie, para ver los regalos y preparar mis regalos para mi hermano y para mis padres. Después despierto a todos para que juntos, abriendo los regalos, nos vuelvan a brillar los ojos por la emoción altruista que desprendemos.

Ya no tengo 5 años, ni zapatillitas de peluche ni batín rosa, pero si conservo esa sonrisa, las ojeras por dormir poco y el pelo despeinado de recién levantada.

A veces acertamos con los regalos, otras no, pero no importa, es lo menos importante cuando, la ilusión y el cariño que se respira es tan grande, que no hay tiempo, suceso o evento que estropee esa muestra de afecto que tantos recuerdos y alegrías nos trae en esos momentos.

Queridos reyes magos: Este año me pido conservar para siempre a mi familia unida. Me pido conservar para siempre a mi lado a las personas a las que más quiero.

Y a la magia.



Vanessa.

Comentarios

  1. Recuerdo perfectamente lo que cuentas cuando veo a mis sobris en Navidad... Supongo que las ilusiones no se destruyen, se transforman. Supongo o.... quiero pensar.

    Teresasssss


    (y a ver si actualizamos eeeh?)

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