Todo al siete negro


Todo al siete negro, -dijo- y las palabras sonaron como el ruido de toda una vajilla rompiéndose, por momentos parecía que hasta la música se había parado, no lo podíamos creer. Toda la noche en racha y cuando tenemos la suficiente pasta como para retirarnos con más del dinero que necesitamos lo apuesta todo al siete negro… ¿El siete negro? Se había vuelto loco. Estábamos perdidos.

Llevábamos días intentando conseguir el dinero, hasta que se nos ocurrió la idea del casino, era la forma más fácil de ganarlo, aunque también la más arriesgada, si perdíamos lo poco que nos quedaba podíamos considerarnos unos fracasados para el resto de nuestras vidas.

No podíamos dejar a toda esa gente sin comer por arriesgarnos así en un casino. Había una mujer llena de heridas que no tenía la culpa de tener que esconderse, un hombre que sabía más de lo que debía, una persona que decidió cambiar a una vida mejor, un niño que no era consciente de que sus padres eran unos jodidos descerebrados, un enfermo lleno de soledad, un anciano a quién nadie quería, y una mujer inmigrante sin recursos… De repente todo mi ánimo se vino abajo al acordarme de todas sus caras pidiendo auxilio. Nos habíamos comprometido.

No era la primera vez que intentábamos ayudar a alguien, aunque en los otros casos había sido en pequeñas dosis, en pequeños gestos. La verdad es que no se porqué nos habíamos metido en semejante berenjenal después de toda nuestra experiencia.

Hemos conocido a personas de esas por las que se te quitan las ganas de ayudar, a muchas de esas personas. Hemos conocido a grandísimos hijos de puta que jugaban con nuestras vidas como si fueran suyas, a gentuza a la que le hemos echado una mano, ha cogido el brazo y nos ha pasado por encima. De hecho, vivimos rodeados de este tipo de gente.

Puede que el único motivo que me impulsó a seguir fue el recuerdo de alguna sonrisa gratuita, algún gesto de cortesía o puede que la satisfacción de escuchar alguna palabra de agradecimiento. Quizá fue solamente un sueño.

Volviendo al juego se me ocurrió preguntar por qué había apostado todo al siete negro y me respondió algo tal como: “son siete las personas a las que queremos ayudar y su futuro será muy negro si no ganamos, he querido poner al azar entre la espada y la pared para que me diera un motivo para seguir. Si el azar no quiere que esas personas vivan bien, ¿crees que seremos nosotros quien lo cambiemos?”

Me quedé tan perplejo con su explicación que me di cuenta de que todavía sería más duro perder y darme cuenta de que todas nuestras vidas viven a la merced de una puta ruleta rusa.

Entonces y para mi sorpresa, mi amigo se giró de espaldas a la ruleta, con un cigarro en la boca y dijo; “vámonos, hemos ganado” apagó su cigarro en el plato de uno de los jugadores más ricos y miserables y salimos.

Y desde ese momento supe que nosotros siempre íbamos a ganar con nuestros Actos. Sin palabras voladoras y sin insignias. Desde el más profundo anonimato. Ganamos la satisfacción más grande que alguien puede tener. El don de salvar personas de la miseria, de la soledad y del hambre. Siempre que dependa de nuestras manos, tendrán un plato de comida en la mesa.


Vanessa Sales Campos
28/03/2007 23:16

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