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Mostrando entradas de marzo, 2005

...a Mi MaDRe...

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Quisiera escribirte la canción más bonita del mundo, pero no hay palabras que aún con toda la esencia de su significado, igualen la magnitud de mis sentimientos, tan privados, tan profundos, que si hubiera forma capaz de expresarlos en papel, se arriesgarían a ser dañados o juzgados subjetivamente por algún insensato que, bien por su ignorancia, o bien por su indiferencia o sus prejuicios, pudiera mancharlos con la suciedad de su conciencia, reprimida y furiosa por su anhelo descuidado. Así que, si tuviera que ponerle unas palabras a lo que siento la necesidad de expresarte, creo que me aproximaría bastante con las siguientes: " Te ofrezco humildemente todo mi yo, porque tu me has dado lo más grande, tu creaste mis cimientos y los cuidas y los mimas cada día, cada momento, habiendo formado así todo un monumento de sentidos, que en su más sincera gratitud, se ha tomado la libertad de crear, para ti, su amor... Vanessa.

Mi ToDo...

Siento que sin ella, mi futuro estaría nublado eternamente por el desconcierto de la ausencia de ilusiones, de luchas, de pasiones... Siento que mi creatividad y mi inspiración se verían truncadas por la impotencia para ser expresadas. Siento que habría una falta de estímulos en mis sentimientos que me impediría soñar, crecer, vivir... Siento que mi vida dejaría de ser mi vida si me falta mi ser, mi esencia, mi todo... Vanessa.

¿Adios?... ¡Hasta luego!

25 de Octubre. Aciago día en que las últimas ánimas de mi mente infeliz se desvanecieron. Delicado cuerpo. Virus asesino de procedencia incierta. Muchos años por detrás. Suspiro... El tabaco. Esa hierba asesina que te corroe por dentro, cada vez más, matándote, hasta dejarte sin entrañas. Te engancha. Te mata. El triste otoño frío en que las hojas caen arrastradas por el viento y por la vejez, se rompen. Desaparecen. A miles. A millones. La ves un instante y cuando la quieres volver a ver ya no está. Ya se ha ido... Ya se ha muerto. Y es entonces cuando te das cuenta de que no hay nada para siempre y es entonces cuando sientes que no te queda nada. Maldices todo lo que hay por maldecir, despiertas cada mañana pensando en que habría pasado si... Y te preguntas: ¿qué hago? y un inquietante, frío y tétrico silencio te responde diciéndote: - ve con él - y tu, con el cuchillo en la mano y apuntando hacia tu corazón dispuesta a marchar al infinito, te pones a pensar en tu madre,