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Mostrando entradas de noviembre, 2011

Tempus fugit

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Miré el reloj del móvil mientras andaba; era la hora. Al girar la esquina estaba allí esperándome, con esa pose entre despreocupada e inquieta. Llevaba su chaqueta de piel marrón. Siempre me ha gustado cómo le quedaba, aunque me metiera con él diciéndole que era de padre. Mientras exhalaba el humo de su cigarro se giró hacia mí. Entonces una ráfaga de viento puso parte de mi pelo en mi cara. Apartándomelo presuntuosamente con la mano, llegué hasta él, y lo que parecía que iban a ser dos castos besos de cortesía se convirtieron en un afectuoso y desproporcionado abrazo lleno de fuerza y sentimientos varios; una mezcla entre dolor, rencor y deseo por mi parte y un híbrido entre arrepentimiento, anhelo y pasión por la suya. Uno de esos abrazos en los que parece que se va a parar el tiempo. Todavía algo nerviosos por el encuentro y casi sin mediar palabra, entramos al bar donde habíamos quedado. Era un lugar que frecuentábamos cuando estábamos juntos. No sé si por lo acogedor y cálido