Querido Karma

Querido Karma,


Te conozco desde que tengo uso de razón, o eso a lo que llaman como tal. Yo diría que te conozco desde que tengo memoria. Memoria consciente.

Hemos tenido una relación bastante compleja, valga el eufemismo.

Te escribo esta carta porque es la única forma que tengo de comunicarme contigo, o la única manera que he encontrado de hacerlo para poder expresarte lo que siento sin censura.

Mientras te escribo, tú estás ocupado con tus cosas de Karma, haciéndome daño. O intentándolo. Valiente bastardo tú, Karma.

¿Sabes las noches que he pasado en vela por tu culpa? Las veces que he llorado...

De tristeza.

De rabia.

¿Eres consciente de las veces que he deseado acabar contigo? Y conmigo, claro. Con todo.

¿Tienes idea de las veces que me ahogaba, literalmente, por tu culpa?

En la confusión, la incomprensión, el terror, el pánico, ¡el espanto!

Las veces que la apatía y el desasosiego se han apoderado de mí, de nosotras.

Me has anulado. Completamente.

Has apagado mi luz. Vivo alejada de la realidad. De mi realidad.

Por tu maldita culpa me duele el alma.

Profano cretino el Karma...

Aunque pueda parecerlo, mi intención no es insultarte, no te confundas. Mi intención es hacerte llegar mi opinión sincera, sin prejuicios, sin convencionalismos y sin tabúes. Quiero (y esto es complicado, si no imposible) que intentes verme sin filtros.

Soy una buena persona, querido Karma. Solo trato de ser feliz. Y de hacer siempre lo que puedo por ayudar a los demás. A los que me importan. Y a los que no.

Todo el odio que tengo dentro está contenido. Tanto, que ni siquiera soy capaz de odiarte a ti.

Aunque eso lo he decidido yo. De lo contrario, todo sería mucho más complicado.

Estoy confundida...

Ahora estoy escribiendo y creo adivinar en esta carta gran parte de tu influencia.

He de decir que no todo es malo. También guardo bonitos recuerdos a tu lado.

¿Te acuerdas de cuando vivía en Suiza?

Era libre.

Éramos libres.

¿Qué nos ha pasado? ¿Por qué nos hemos dejado vencer? Antes no éramos así. Ahora somos débiles. Nos han hecho débiles.

Y yo no me puedo permitir ser débil. Ya no.

Por ese motivo te escribo llamándote Karma.

Porque era la única manera de que me dejaras escribirla entera con la absoluta certeza de que le ibas a prestar atención.

Sí, he conseguido burlar tu juicio.

Y ahora tú, con esa percepción que tienes de mí, indudablemente destruida por la demencia y los escrúpulos, estarás urdiendo un elaborado y virtuoso plan para seguir destrozándome la vida. Porque puede que no hayamos sido de las mejores, pero en eso siempre hemos estado en las primeras filas.

Y nos alcanzó el "fuego".

Y nos quemamos.

Y de esas cenizas nació mi obstinado broquel.

En cierto modo, gracias a ello no nos fue tan mal.

Pero puede irnos mejor.

Vamos a ser fuertes. Tenaces. Valientes.

Sin prejuicios.

Sin miedos.

Sin ti.

Yo está conmigo.

Ahora estás sola.



Vanessa Supertramp
29/11/2017

Comentarios

  1. Espero que el Karma te haga caso, y que ese mal fario no siga!Recuerda,todo cambia,no hay nada eterno.

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    1. ¡Gracias, Emilio! Seguro que sí, una vez identificado el problema todo es más sencillo. ¡Un abrazo grande!

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