Blue Bird


Este verano me dije muchas cosas. Con Pablo Neruda inspirándome aquel día con su “algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo y esa, solo esa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”.

Me desnudé, me miré al espejo, me miré a los ojos, tristes por aquel entonces como solo ellos saben estarlo y de repente lo vi. Me estaba mostrando a mí misma una sonrisa invitándome al sosiego, a la paz. Diciéndome que todo iba a salir bien, que aunque a veces no pudiera verme, estaba ahí adentro, en guardia. Cuidando de mí.

Y con la sonrisa como compañera volví a mirar a mis ojos tristes, como quien mira una bola de cristal intentando adivinar qué hay dentro. Como esperando encontrar una respuesta clara a alguna pregunta indefinida.

Y allí estaba. Había una vorágine de sentimientos abstractos. Una gran cascada de sensaciones inusitadas. 

Intenté enfocar un poco más y pude identificar un ansia terrible de libertad, de amar y ser amada. Vi locura y calma, lucha y paz, inconformismo, ética. Y a todas y cada una de las personas que alguna vez se enamoraron de la vida y se enfrentaron a todo por hacerla feliz.

Y todavía con la compañía de mi sonrisa dejé que parte de ese torrente de emociones brotara de mis ojos.

Durante ese instante que duró la visión de mi propio interior fui tremendamente feliz. Como quien admira por primera vez la majestuosidad de la naturaleza virgen en su estado más puro. Como la primera sonrisa inocente y casta de un bebé.

Como si ya nadie pudiera volver a hacer que me olvidase de la ternura. Como si la sensibilidad no fuera un hándicap. Como si sentir compasión fuera algo bueno.

Y me lo creí. Y me lo creo. Y me advertí de que probablemente estaría sola en esto.

Y en cierto modo así ha sido. Sigo caminando sola porque para las personas es más sencillo no mirarse en el espejo, porque temen encontrarse, porque dejar salir a su "pájaro azul" les hace sentir vulnerables. 

Y porque piensan que eso es algo malo.

Sin embargo a veces todavía conservo la fe mirando a través de los ojos de algunas personas. A veces todavía veo dentro de los mismos esa pasión encadenada por los convencionalismos.

Y querría romper esa cadena para que también ellos pudieran sentirse libres. Y a veces querría que su pasión y la mía inundaran el mundo con un océano de perfección absoluta. De compatibilidad salvaje. De la más primitiva felicidad. Con la vehemencia absurda que solo alguien que ha desplegado las alas entiende.

Qué bonito podría haber sido nadar y volar contigo. Da igual cómo, porque para eso deberíamos haber sido libres. Y todavía no lo somos. No del todo.




03/11/2018
Vanessa Supertramp

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